lunes, 24 de mayo de 2010

Ser libres

No nos hace falta pedir permiso para ser libres pero si nos hace falta un método, un sistema para saber funcionar en una nueva economía que nos permita integrarnos simbióticamente a la vida planetaria en su totalidad, la permacultura no es solamente otra manera de cultivar su huerto sino toda una organizacion del sitio en el que uno se encuentra para cambiar profunda y pacíficamente lo que ahí pasa, la permacultura desborda los límites de la propiedad privada, se inmiscuye de lo que ocurre en su pueblo, municipio, etc.

Como Tchernobyl nos lo ha demostrado, de nada sirve que uno tenga un huerto biológico en donde sea, si te van a llegar nubes radioactivas que te lo contaminan todo, la ilusión que se empezó en los años 60, de que uno podía “retirarse” a algún sitio y así poder hacer “su vida lejos de la mierda”, hoy en día creer esto es no querer hacer frente a lo que pasa y la solución sólo se establecerá si colectivamente se aplican medidas que impidan la continuación de lo que hoy se hace; con las semillas transgénicas tenemos otro ejemplo de la urgencia que hay de parar esta economía al nivel político, oficial: para las nubes, el viento y los insectos no hay barrera posible y no hacer oposición a estas imposiciones porque nos fuimos todos al campo es no haber realizado la responsabilidad que tenemos de hacer frente donde esté el frente, para no colaborar con el Sistema Ecónomico Dominante (SED).

En esta sección de iré desarrollando la estrategia planificadora de la Permacultura de una manera práctica, pero esta vez, para empezar, he querido insistir sobre la base en la cual la permacultura se sitúa, poner muy claro que este método, esta herramienta de planificación ecológica es una afirmación.

Escrito por Emilia Hazelip, experta en agricultura natural y escritora

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